DE PASEO POR LOS MADRILES
Siguiendo con el post anterior, hoy toca resumen del viaje a Madrid.
Salimos a las 8:32 de la estación Delicias. Enfrente teníamos a un señor que viajaba con su mujer y su hija (muy mona ella mirándose en el espejo de una cajita de sombras de ojos de Dior y rizándose las pestañas cuando ya casi estábamos en Atocha) y a una chica que mientras escuchaba música por el iPod hacía unos ejercicios de Alemán.
Escasos minutos antes de las 10 pisábamos suelo madrileño. Nos preocupaba que pudiera llover, o incluso nevar, pero habíamos visto el día anterior que iba a hacer sol y que las temperaturas oscilarían entre -1 y 9 Cº.
No lo vimos entero, sólo la planta 2ª (porque teníamos otros planes y no nos iba a dar tiempo de todo) y podemos decir que aunque ambas íbamos con un poco de miedo pensando que no nos iba a gustar la opinión es buena. Lógicamente no tiene nada que ver con el Prado, por ejemplo, pero en general está bien, sobre todo nos gustaron las partes con fotografía.
De ahí ya, caminando por el Paseo del Prado nos fuimos a la Sala Mapfre, queríamos ver la exposición Impresionismo. Un nuevo Renacimiento. Pero antes pasamos por el Starbucks de Cánovas del Castillo (Plaza de Neptuno) para coger un cafecito y tomárnoslo de camino al Paseo de Recoletos (qué malo es ver películas americanas), y oh sorpresa! lo habían reformado y ampliado desde la última vez que estuvimos (hace ahora un año).
Vaso en mano, pasamos por Cibeles. Que por cierto, ¡qué de banderas! (Cómo se nota que presidimos la UE)
Y también por el Consejo General de la Abogacía. La foto de aquí abajo no es de ese momento, sino de por la tarde, porque cuando pasamos por primera vez había un policía-guardia civil-vigilante privado (no nos fijamos exactamente lo que era) y nos dio un poco de respeto sacar la cámara y hacer la foto.
Y por fin llegamos a la Sala Mapfre, pero ahí nos esperaba una sorpresa mayor: LA FILA!!!! daba la vuelta hasta por la calle Bárbara de Braganza. Muy fuerte. No esperábamos algo así, porque no era fiesta en Madrid y además eran las 12:30 o así.
Ampliad para ver la pedazo de fila!!
Además, no se entra por la puerta que sale a la izda. sino por otra que está un poco más delante.
Calculamos más de una hora de espera. Y desistimos. Mejor volver a la hora de comer que no habrá nadie.
Pero en la vereda de enfrente nos esperaba una grata sorpresa: el Museo de la Biblioteca Nacional y una exposición sobre Mariano José de Larra.
Pero no sólo de cultura vive el hombre y las tripas ya nos empezaban a sonar, así que nos fuimos al Hard Rock Café (mientras caminábamos íbamos planeando qué hamburguesas tamaño gigante no pediríamos) pero... al entrar descubrimos que había que esperar entre 45 y 50 minutos para conseguir mesa, con lo cual... salimos tal y como habíamos entrado.
A la vuelta de la esquina había un Pans&Co y nos metimos (porque otra opción económica a una calle de Serrano no había). Estaba lleno hasta la bandera de chavales de entre 13 y 16 años montando la marimorena y nosotras ahí en medio cuando entra una pareja joven que se pone detrás nuestro en la fila y se produce la siguiente conversación:
Chico: Está muy lleno ¿y si vamos a otro sitio?
Chica: sí, pero así barato...
Chico: un Burger
Chica: vale
Y salen.
Nos miramos, y pensamos ¿dónde queda el Burger? ¿los seguimos? ¡Venga!
Y ahí salimos las dos, con gafas oscuras para despistar detrás de los chicos.
¡Qué risas! Se les dió por cruzar en rojo y nosotras ahí corriendo entre autobuses y taxis, pero con tan mala suerte que se metieron en el Vips que hay en la Calle Génova, en diagonal a la Audiencia Nacional (y como no es plan ir a Madrid para comer en el Vips) seguimos andando hasta que encontramos un sitio muy majo que se llama La Fábrica y tiene platos y cervezas alemanas.
Volvimos a comprobar que la fila de la exposición mantenía su tamaño así que decidimos caminar hacia la Gran Vía, un Zara y un Uterqüe después enfilamos la calle Fuencarral, nos la recorrimos entera, y al final pillamos el metro en la estación de Quevedo con destino a Sol, donde además de presenciar una mini discusión entre un señor de la limpieza y otro que llevaba un cartel de "compro oro" porque supuestamente éste estaba molestando a aquél, pudimos comprobar que los Winnie the Pooh y los Mickey Mouse vendedores de globos están muy de moda.
Ah! y tenemos que decir que la cúpula de la estación nos parecía que iba a ser mucho más grande, la mirábamos desde fuera y es más bien pequeña. De ahí a Callao, al Starbucks otra vez. Esta vez para "merendar".
Si hasta ahora éramos fans de la tarta de manzana y el muffin de manzana y canela ahora podemos decir, como haría Belén Esteban que "yo por un Classic Roll de Canela ma-to".
Y al acabar caminito otra vez por Gran Vía y Paseo del Prado hacia Atocha.
En el viaje de vuelta no teníamos a nadie enfrente y a diferencia del viaje de ida, sí pudimos ver la película (aunque no vimos el final): Nunca es tarde para enamorarse.
Por cierto, hay que ver lo que se escuchan las conversaciones ajenas en el AVE. Parece que hay ruido de la gente y tal pero a la hora de la verdad te enteras de todo.
Se nos pasó el día volando y la verdad es que se nos hizo corto, pero aprovechamos muy bien el tiempo.
Pero en la vereda de enfrente nos esperaba una grata sorpresa: el Museo de la Biblioteca Nacional y una exposición sobre Mariano José de Larra.
A la vuelta de la esquina había un Pans&Co y nos metimos (porque otra opción económica a una calle de Serrano no había). Estaba lleno hasta la bandera de chavales de entre 13 y 16 años montando la marimorena y nosotras ahí en medio cuando entra una pareja joven que se pone detrás nuestro en la fila y se produce la siguiente conversación:
Chico: Está muy lleno ¿y si vamos a otro sitio?
Chica: sí, pero así barato...
Chico: un Burger
Chica: vale
Y salen.
Nos miramos, y pensamos ¿dónde queda el Burger? ¿los seguimos? ¡Venga!
Y ahí salimos las dos, con gafas oscuras para despistar detrás de los chicos.
¡Qué risas! Se les dió por cruzar en rojo y nosotras ahí corriendo entre autobuses y taxis, pero con tan mala suerte que se metieron en el Vips que hay en la Calle Génova, en diagonal a la Audiencia Nacional (y como no es plan ir a Madrid para comer en el Vips) seguimos andando hasta que encontramos un sitio muy majo que se llama La Fábrica y tiene platos y cervezas alemanas.
Ah! y tenemos que decir que la cúpula de la estación nos parecía que iba a ser mucho más grande, la mirábamos desde fuera y es más bien pequeña. De ahí a Callao, al Starbucks otra vez. Esta vez para "merendar".
Si hasta ahora éramos fans de la tarta de manzana y el muffin de manzana y canela ahora podemos decir, como haría Belén Esteban que "yo por un Classic Roll de Canela ma-to".
Y al acabar caminito otra vez por Gran Vía y Paseo del Prado hacia Atocha.
En el viaje de vuelta no teníamos a nadie enfrente y a diferencia del viaje de ida, sí pudimos ver la película (aunque no vimos el final): Nunca es tarde para enamorarse.
Por cierto, hay que ver lo que se escuchan las conversaciones ajenas en el AVE. Parece que hay ruido de la gente y tal pero a la hora de la verdad te enteras de todo.
Se nos pasó el día volando y la verdad es que se nos hizo corto, pero aprovechamos muy bien el tiempo.

